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Reactividad en perros (Capítulo 3): Cuándo puede aprender (y cuándo no)

En el capítulo anterior vimos que no todas las reactividades son iguales.

Aunque desde afuera puedan parecer lo mismo, las conductas reactivas pueden estar sostenidas por emociones y funciones distintas, como el miedo, la frustración o una combinación de ambas (si no lo leíste, podés hacerlo acá).


Pero entender qué está pasando es solo una parte del problema.

La otra —y muchas veces la más determinante— es en qué condiciones ese perro puede cambiar esa respuesta.

Si un perro no está en condiciones de procesar lo que ocurre, no hay aprendizaje posible.

Y sin embargo, gran parte de las intervenciones empiezan exactamente en ese punto.

Se espera a que aparezca la reacción para “trabajarla.

Se intenta corregir, redirigir o enseñar algo nuevo en el momento en que el perro ya está desbordado.

Pero hay un problema en ese enfoque: en ese estado, el perro no está disponible para aprender.


🧠 Estar no es lo mismo que poder:

El perro está ahí. Presente, mirando el estímulo, respondiendo. Pero eso no significa que pueda procesar lo que ocurre ni incorporar una respuesta distinta.

En estados de alta activación, el sistema nervioso prioriza resolver la situación. Aumenta la frecuencia cardíaca, la tensión muscular, la liberación de hormonas del estrés. La conducta se vuelve más rápida, más automática y menos flexible.

En ese contexto, la capacidad de procesamiento disminuye. No es que el perro “no quiere” responder de otra manera. Es que, en ese estado, no puede hacerlo.


⚠️ El error más común: intervenir en el peor momento.

Muchas intervenciones no fallan por falta de técnica, sino por el momento en el que se aplican. Se intenta enseñar cuando el perro ya superó su umbral de tolerancia.

Se pide autocontrol cuando el sistema está en modo de respuesta. Se busca aprendizaje en un estado donde no hay disponibilidad para incorporarlo.

Y ahí es donde aparece la frustración: del perro, que no puede hacer lo que se le pide, y del humano, que interpreta eso como falta de entrenamiento o desobediencia.


🔁 Qué ocurre realmente en plena reacción

En estados de alta activación, no se construyen nuevas respuestas. Lo que ocurre es otra cosa: se repiten y fortalecen las que ya existen.

La conducta reactiva no solo aparece. Se consolida.

Porque muchas veces cumple una función:

  • aumenta la distancia

  • reduce la intensidad del estímulo

  • genera alivio

  • en situaciones de frustración, puede incluso facilitar el acceso al estímulo, cuando la intensidad de la conducta termina acercando al perro a lo que busca.


Y cuando eso ocurre, el sistema aprende que esa respuesta funciona. No porque alguien la haya enseñado, sino porque fue eficaz en ese contexto.


📉 El umbral como condición del aprendizaje:

En el capítulo anterior hablamos del umbral de reacción. Acá aparece su implicancia más importante.

Por debajo del umbral, el perro puede percibir, procesar y responder con mayor flexibilidad. Hay margen para el aprendizaje.

Por encima del umbral —es decir, cuando el perro ya está reaccionando— la conducta se vuelve automática. Ya no hay espacio para incorporar algo nuevo.

Trabajar en ese punto no solo no facilita el cambio. Muchas veces entrena el problema.

Esto también ayuda a entender por qué algunas herramientas que, en teoría, son adecuadas —como la desensibilización sistemática— no siempre dan resultado.

No porque la herramienta en sí sea incorrecta, sino porque muchas veces se aplica fuera de las condiciones necesarias para que funcione.

Si el perro está por encima de su umbral, no hay desensibilización posible. Hay sobreexposición.

Y cuando eso ocurre sin posibilidad de procesamiento, el efecto no es aprendizaje funcional. Es repetición.

El perro no integra la experiencia de una forma que le permita responder mejor la próxima vez. Solo refuerza la asociación emocional y la respuesta que ya tiene disponible.

Con el tiempo, esto no solo mantiene la conducta: suele intensificarla.

Aumenta la anticipación, baja el umbral y eleva el nivel de activación basal. En términos simples, el perro no solo sigue reaccionando. Reacciona antes, más rápido y con mayor intensidad.


🔬 Exposición: cuándo suma y cuándo resta:

El problema no es la exposición en sí.En muchos casos, es necesaria.

Pero para que genere cambio, tiene que darse en condiciones donde el perro pueda procesar lo que está ocurriendo.

Eso implica trabajar con niveles de intensidad, distancia y duración que se mantengan dentro de su umbral de tolerancia.

Cuando esas condiciones no se respetan, la exposición deja de ser una herramienta de aprendizaje y pasa a convertirse en sobreexposición.

Y en ese punto, el efecto no es neutral. No solo no ayuda: suele empeorar el cuadro.

Porque cada experiencia sin procesamiento refuerza la respuesta existente, aumenta la carga emocional y eleva el nivel de activación del sistema.

No es la exposición lo que falla. Es el contexto en el que ocurre.


🧭 Entonces, ¿dónde ocurre el cambio?

El cambio no se construye en el punto más alto de la reacción. Se construye antes.

En estados donde el perro tiene mayor nivel de regulación. En contextos donde puede percibir sin desbordarse. En situaciones diseñadas para que exista margen de procesamiento.

Esto implica trabajar sobre:

  • el nivel de activación basal

  • la gestión del entorno

  • la distancia y la intensidad de los estímulos

  • las herramientas que el perro tiene para responder

Y acá aparece algo que suele generar dudas: muchas veces, esa distancia inicial es mayor de lo que uno espera.

Puede parecer exagerada. Puede dar la sensación de que “no está pasando nada”.

Pero justamente en ese punto es donde el perro todavía puede percibir sin desbordarse. Donde puede empezar a procesar lo que ocurre en lugar de reaccionar automáticamente.

Con el tiempo, y a medida que ese procesamiento se vuelve más estable, esas distancias se van acortando.

No de golpe. No por insistencia. Sino como resultado de un sistema que empieza a regularse mejor frente a ese estímulo.

Esto no es una cuestión de criterio personal ni de estilo de trabajo.Tiene una base fisiológica.

Cuando el nivel de activación es alto, el sistema nervioso prioriza respuestas automáticas de supervivencia, reduciendo la posibilidad de generar conductas nuevas.

Aumenta la liberación de hormonas del estrés, la frecuencia cardíaca y la tensión muscular. En ese estado, el margen para procesar información y generar respuestas nuevas se reduce.

En cambio, cuando el perro se encuentra dentro de un rango de activación más bajo, el sistema permite mayor flexibilidad conductual. Hay más posibilidades de percibir, evaluar y responder de forma distinta.

Gran parte del proceso no ocurre en el momento del problema, sino fuera de él.

Porque el objetivo no es solo que el perro deje de reaccionar. Es que pueda hacerlo distinto.

En definitiva, no reaccionar de forma explosiva no significa no reaccionar. Ignorar, tomar distancia o simplemente percibir sin desbordarse también son formas de respuesta.

El trabajo no apunta a eliminar la reacción. Apunta a transformarla.


🧭 Un cambio de enfoque necesario:

No se trata solo de qué le enseñás al perro. Se trata de en qué estado pretendés que lo aprenda.

Porque cuando ese estado no es el adecuado, no hay aprendizaje. Y entender esto cambia necesariamente la forma de intervenir.

Porque deja de tener sentido insistir sobre la conducta en sí, y pasa a ser fundamental analizar al individuo, su estado general de activación y el contexto en el que vive.

No todos los perros parten del mismo lugar.

No todos tienen el mismo nivel de estrés basal, las mismas experiencias previas ni las mismas herramientas para gestionar lo que sienten.

Y tampoco todos los contextos ofrecen las mismas posibilidades de trabajo.

Por eso, cualquier estrategia que busque generar cambio necesita partir de ahí.

De evaluar qué le está pasando a ese perro, en qué condiciones se encuentra y qué margen real existe para intervenir. No como un paso previo opcional, sino como la base sobre la cual se construye todo lo demás.

Entonces, para armar una estrategia adecuada, es necesario analizar múltiples variables: el individuo, su estado emocional, su entorno y las posibilidades reales de trabajo.


De eso vamos a hablar en el próximo capítulo.


Javier Fasce - La tribu de Afra (Etología y Educación canina)

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