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El olfato canino: cómo los perros “leen” el mundo

El olfato es el sentido más potente del perro. Pero muchas veces preferimos cansarlo con pelotitas, antes que dejarlo usar aquello que realmente lo regula emocionalmente.

Si tuvieras que elegir el sentido más importante para tu perro, no sería la vista, ni el oído.

Sería el olfato.

Mientras nosotros habitamos un mundo principalmente visual, los perros viven en un universo químico. No solo huelen: interpretan, analizan y construyen información a partir de los olores.

Para ellos, oler no es un detalle. Es una forma de comprender la realidad.


🧠 Un cerebro diseñado para oler

El sistema olfativo del perro no es “mejor” que el nuestro. Es diferente.

  • Entre 200 y 300 millones de receptores olfativos

  • Un cerebro especializado en procesar olores

  • Capacidad de detectar concentraciones mínimas

Pero lo más importante no es cuánto detectan, sino qué hacen con esa información.


🔍 ¿Qué “lee” un perro cuando olfatea?

Cuando un perro huele, no solo identifica un aroma.

Accede a información como:

  • Qué individuo pasó por ahí

  • Hace cuánto tiempo

  • Su estado emocional

  • Sexo y estado reproductivo

  • Estado general

Un rastro no es solo olor. Es comunicación.


👃 + 👄 No solo huelen con la nariz

El sistema olfativo del perro es tan complejo que no se limita solo a la nariz.

También utilizan una estructura llamada órgano vomeronasal (u órgano de Jacobson), ubicada en el paladar.

Por eso, a veces vas a ver que tu perro:

  • Huele algo y luego hace un pequeño gesto con la boca

  • Lame superficies u orina

  • Mantiene la boca levemente entreabierta mientras investiga

No es casual.

Está analizando información química más específica, especialmente relacionada con señales sociales como el estado emocional o reproductivo de otros individuos.


🐾 Oler también regula

Desde una mirada etológica, el olfato no solo sirve para explorar.

También cumple una función clave en la regulación emocional.

Cuando un perro olfatea de forma activa:

  • Se involucra en una conducta natural, auto-dirigida

  • Disminuye la activación fisiológica

  • Cambia de un estado más reactivo a uno más exploratorio

Esto ocurre porque el olfato favorece procesos cognitivos más que impulsivos.

El perro deja de “reaccionar” y empieza a procesar información.

Además, son actividades que no requieren velocidad ni intensidad, lo que contribuye a bajar el nivel general de excitación.

Por eso muchos perros que viven en estados de sobreestimulación encuentran en el olfato una forma de reorganizarse.

No es magia. Es biología.


🚫 El error más común

Interrumpir constantemente al perro cuando está oliendo.

“Tironeo de correa”“Dale, vamos”“No hay tiempo”

Desde nuestra lógica, parece que “no hace nada”.

Desde la suya, está entendiendo el entorno.


✅ ¿Qué podemos hacer mejor?

  • Permitir momentos reales de exploración olfativa

  • Incorporar juegos de búsqueda

  • Variar entornos (que sean tranquilos si tenemos un perro con dificultad de concentracion).

  • Priorizar calidad de experiencia sobre cantidad de ejercicio

Además, no todo depende del paseo.

Se pueden proponer actividades de olfato dentro de casa que ayuden a bajar la activación antes de salir. Por ejemplo:

  • Esconder comida en distintos puntos del ambiente para que el perro la busque

  • Usar mantas o telas donde se puedan ocultar premios

  • Distribuir pequeñas porciones de alimento en el suelo (tipo “búsqueda libre”)

  • Crear recorridos simples con comida para que los siga con el olfato

Este tipo de propuestas activan el sistema olfativo de forma natural y ayudan a que el perro pase a un estado más organizado y de calma.

Así, llega al paseo con mayor capacidad de procesar el entorno y menos tendencia a reaccionar impulsivamente.

Un paseo donde el perro puede oler libremente suele ser más enriquecedor que uno largo pero restrictivo.


No todos los problemas de conducta se solucionan cansando al perro.

De hecho, muchas veces se sostienen ahí.

Actividades como el lanzamiento repetitivo de objetos estimulan circuitos ligados a la conducta predatoria (fase de persecución) y a la impulsividad, especialmente cuando no hay pausas ni oportunidades de regulación.

En algunos perros, especialmente aquellos que ya tienen dificultades para autorregularse, esto puede traducirse en estados de mayor excitación, menor capacidad de procesamiento y conductas más reactivas.

No es que jugar esté mal. Es que no todo juego es regulador y sobre todo si no se sabe jugar adecuadamente.

Por eso, antes de sumar más movimiento, vale la pena preguntarse qué tipo de actividad necesita realmente ese perro.

Porque a veces no es más pelota.

Es más olfato.


Javier Fasce - La tribu de Afra (Etología y Educación canina)

 
 
 

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